martes, 20 de junio de 2017

Recordando a Don Vicente Correa y sus Títeres



Recordando a Don Vicente Correa 
y sus Títeres


Payasito

La primera vez que lo vi fue en un barrio de la ciudad de Lima, él entraba a un mercado tras una alegrísima tropa de pequeñas criaturas bailarinas, no quedaba claro si él las llevaba a ellas o ellas a él; a primera vista se descubría que eran Títeres, entre bellos y extraños; transmitían una calidez inigualable: los títeres y él.
Me acerqué, le compré algunos Títeres y marché con ellos, pero al rato tuve la necesidad de volver, de que este encuentro no quedara allí, y volví y volví a volver y así empecé a descubrir a ese fascinante ser hacedor de Títeres: el maestro Vicente Correa.
Pude conocer de cerca su trabajo, le compraba los Títeres y para eso iba a su casa que al mismo tiempo era su taller, estaba en “Manzanilla” bordeando “La Cachina” una de las zonas más peligrosas y al mismo tiempo más interesantes de Lima, espacio donde, en una gran feria al aire libre y recovecos, confluyen lo reciclable, lo desechado y lo robado; espacio por demás propicio para su trabajo pues él hizo del reciclaje su fuente de materia prima. Y así tras largas conversaciones fue naciendo la amistad.
No recuerdo si alguna vez tuvo un trabajo “convencional”, creo que desde siempre se dedicó a dos actividades complementarias: crear y vender sus creaciones. Originario del Norte Peruano, tenía una alegría chispeante que lo acompañaba todo el tiempo a pesar que la vida supo serle dura, la necesidad le avivó el ingenio y llevó a que de sus manos, y con pocos recursos, nacieran cosas bellas que luego él mismo vendía en las calles de sectores populosos de Lima y provincias; era un vendedor nómada de esos que no esperan a que se le agote un mercado.
Perro
Hasta que, como tenía que ser, llegaron los Títeres; empezó con tinas y baldes de plástico viejos y rotos, encontró herramientas y desarrolló la técnica para trabajarlos, de ellos obtuvo las siluetas de perfil en una pieza de cabeza y tronco de sus primeros personajes, hombres y algunos animales antropomorfos: perros, pájaros y cocodrilos; con el mismo material hizo pies y manos; resolvió brazos y piernas con alambre forrado con delgadas mangueritas de plástico, con fuego agujereo el plástico del cuerpo para introducir el alambre que así además de instalar las extremidades cumplía el papel de eje, también con fuego fijó pies y manos al alambre, y cerraba pintando los detalles. Así logró un personaje que balanceaba sus extremidades; a un orificio en la cabeza le ató un hilo de colores que en el otro extremo estaba atada a un palito de helado que hacía las veces de mando de este pequeño Títere, de un solo hilo, que no pasaba los 11 cm.
Pasó el tiempo y descubrió que cabeza, cuerpo y cabeza podían tener volumen, las cabezas las hizo con unos cilindritos de madera que unidos a muchos otros formaban estructuras que usan los choferes para sentarse en ellas y recostar su espalda, un orificio en los cilindros facilitó fijarlos con un alambre al cuerpo que era un trozo de soga de colores hecho con material sintético, deshilachando la soga al otro extremo formó una faldita para los personajes femeninos; les puso cabello con pedacitos de peluche y a algunos les hizo sombreros con fichas de ludo, botones o algo similar. El Títere resultante era fácil de animar a través de movimientos del palito de helado; logró buen balance, equilibrio, estabilidad y dinamismo, de modo que podían pararse, sentarse, arrodillarse y desde luego bailar de lo lindo, eran muy simpáticos y con una linda energía ideales para niños y ofrecían una gran ventaja en cuanto a Títeres de hilo, teniendo un solo hilo era casi imposible que se enredaran.
Payasita

El mismo los vendía; en los mercados los fines de semana y entresemana a las puertas de los colegios a la hora de salida, también a eventos masivos como procesiones o ferias. Tenía la maña para reducir el costo de materiales a su mínima expresión, eso sí demandaba bastante trabajo; pero aun así los vendía a un precio bastante bajo, los planos a S/ 0,30 (treinta céntimos de sol) y los de soga y cabeza de madera a S/. 0,50 (cincuenta céntimos de sol), los niños directamente eran sus clientes y decía que no podía venderlos a más pues era muy poco lo que llevaban de propina.
Siempre creativo desarrolló nuevos personaje, con huevos de plástico como cuerpo hizo unos gorditos a los que llamó “Tongo”, por el cantante, pero pronto dejó de producirlos pues vio que en manos de los niños se aplastaban fácilmente y decía que no podía hacerle eso a un niño; también hizo “Chavitos” con juguetes de plástico de “el chavo del ocho” dentro de su barril, les puso piernas y brazos, duraron hasta que desaparecieron los juguetes.
Trabajaba para vivir, tenía necesidades y había que cubrirlas con dinero, pero también trabaja porque le gustaba, lo disfrutaba; era un apasionado de crear, le gusta producir, disfrutaba saliendo a la calle a vender; pero al mismo tiempo tenía una sabiduría natural que le permitía ver que en la vida no todo era trabajo ni mucho menos dinero; trabajaba sólo lo necesario “¿para qué? si no necesito más”, no quería acumular por acumular, no quería más de lo que pudiera necesitar, quería disfrutar de la vida y en su humildad sabía que la vida no se disfruta sólo con dinero y posesiones materiales, vivía con lo justo pero vivía, no sobrevivía.
Tuvo esposa e hijos, el matrimonio se rompió, los hijos crecieron y fueron a hacer sus vidas, vivía en compañía de dos perros, algunos patos y pavos en la parte posterior de su casa y ocasionalmente algunos pichones de palomas que habían caído de sus nidos y él cuidaba hasta que pudieran emprender vuelo.
Sarita Bianchi en el Museo Argentino del Títere
recibiendo los Títeres de Vicente Correa
Cuándo por primera vez vi sus Títeres me fascinaron, se los comprábamos los vendíamos después de nuestras funciones, los llevábamos también en nuestros viajes y se los regalábamos a cuanto colega conocíamos y que igualmente compartían la fascinación por ellos. Le dimos unos a Sarita Bianchi para el Museo del Títere en Argentina y la expresión en su carita fue maravillosa, ternura pura por ambos lados.
Él ya estaba avanzado en años, sin embargo mantenía una vitalidad admirable pero a pesar de ello sabíamos que la vida tiene sus ciclos y el final de esta ha de llegar en algún momento, eso es algo natural y aunque duela tiene que suceder y pensando en eso me preocupaba lo que pasaría con esos Títeres cuando él ya no esté, siendo el creador y realizador sin él los Títeres ya no se harían más, desaparecerían. Empecé a pensar en alguna manera de que continuaran; él tendría que transmitir la técnica y la pasión pero no había discípulo a la vista, hasta llegué a pensar en tomar yo la posta pero tengo una vida hecha que ya bastante me demanda y mi camino no iba por allí.
Me fascinaba su vida, su manera de pensar, su natural y profunda filosofía de la vida. La simpatía que me generaba pronto se convirtió en aprecio, cariño y en profundo respeto y admiración, tenía pendiente hacerle una entrevista para “Mil Vidas” , filmarlo mientras hacía su trabajo, registrarlo y guardarlo así para la memoria de los Titiriteros, pero ni siquiera alcancé a hacerle una fotografía, no llevaba la cámara fotográfica a su casa pues vivía en un lugar muy peligroso y en casa nunca la tuve a mano cuando venía a visitarnos.



Hace tres años lo llamé para ir a visitarlo pero el teléfono estaba fuera de servicio, llamé a su hermano que vive cerca y me enteré que Don Vicente había fallecido, no esperaba que fuera tan pronto y así de esta manera, tenía contemplado aun mucho por compartir, por aprender de él, hacerle una entrevista para "Mil Vidas", registrar en fotografías y video su trabajo, guardarlo de alguna manera para nuestra memoria titiritera, intentar asegurar la continuidad de sus Títeres, y más y más, pero ya no estaba aquí ...
Una vez más me queda la lección de no postergar, los caminos de la vida son demasiado inciertos como para proyectarse indefinidamente en ellos, y me quedó también dando vueltas una reflexión acerca de la permanencia y la impermanencia en los Títeres y lo que pasa con ellos cuando el titiritero parte, quizá se nieguen a ese tipo de trascendencia, quizá lo efímero sea parte de su naturaleza, quizá por eso se nos escaparon tantos nombres, tantos datos en una historia de cientos de años, quizá reclamen que se les deje ir, quizá … pero igual aquí van estos ejercicios de trabajar por la memoria de los Titiriteros de estos tiempos …
Gracias Don Vicente por todo lo compartido, por todo lo transmitido, me quedo con hermosos recuerdos, lecciones de vida y con algunos de sus Títeres que ahora son un pequeño tesoro.
Martín Molina Castillo
Artículo publicado en "Mil Vidas, publicación artesanal dedicada a los Títeres" No. 10


Cocodrilo




Policía


Negrito
Payasita
Pájaro

2 comentarios:

Don Calaca dijo...

Lindos títeres y lindo documento, es una lástima que no haya mas información e imágenes. Me gustan sus proporciones, colorido y simples formas, es una pena que no pueda conseguir uno para mi colección de títeres, aún así gracias por el aporte y las experiencias personales.

TÁRBOL teatro de Títeres dijo...

Gracias por tu comentario Don Calaca, yo tengo algunos de los Títeres de Don Vicente, dependiendo de donde estes puedo hacerte llegar uno para tu colección.